
Soy una forofa de los artículos de opinión en la prensa diaria. Muchos articulistas son escritores consagrados (grandiosa palabra), otros andan en ese camino, algunos esporádicos, casuales, oportunistas, liberales, políticos o, los menos, ciudadanos de a pie que, en alguna ocasión hemos podido publicar algún que otro chascarrillo, denuncia o agradecimiento en un huequito de alguna página.
Cuando leo alguno de estos artículos, me gusta si huele a literatura. Así que ya me permito un poco el lujo de ir eligiendo a aquellos que así los pintan.
Para inagurar esta página, he elegido a uno de mis favoritos. Lo descubrí el año pasado, en plena campaña electoral. Tiene un punto ácido que me encanta - si bien es cierto que a veces se queda corto para mi gusto. Sin embargo, cada uno de sus artículos huele a letras.
Espero que lo disfrutéis.
EL SILENCIO DE LOS CORDEROS, Gregorio Morales
El tiempo pasa cada vez más rápido. Los días giran enloquecidos. En un abrir y cerrar de ojos, han transcurrido varios meses.
¿Se trata de una impresión o el tiempo se está acelerando realmente? Creo que lo último. El tiempo corre ahora más rápido. Una de las causas es que hemos suprimido el silencio. Ya resulta imposible ir a parte alguna sólo con nuestros pensamientos. Las calles vibran de tráfico. Los autobuses llevan música incorporada. En los pueblos, otrora refugio del silencio, los adolescentes atruenan con sus motos. En las casas, la gente enciende el televisor o la radio en cuanto llega. Ni siquiera en las iglesias habita ya el silencio, porque la última moda es adulterarlas con música de fondo. Nadie quiere ya el silencio, ni siquiera Dios.
Einstein demostró que la energía se puede convertir en materia, pero olvidó formular que el tiempo se puede convertir en silencio, o el silencio, en tiempo. El ruido, si le hacemos caso a Stephen Hawking, es un agujero negro que devora años como si fueran insectos. Caminemos por un lugar solitario de la montaña. El tiempo es consistente, macizo, pleno. Vayamos al pie de una autovía. El ruido de los automóviles, la velocidad, hieren el tiempo y lo hacen leve, inconsistente y fugaz.
Los días de nuestra infancia eran tan largos no porque fuéramos niños, ya que el tiempo de los niños de hoy se escurre tan fácilmente como el de los adultos. El tiempo de nuestra niñez era inmenso porque manaba del silencio. Por eso, el hombre de las ciudades civilizadas, aunque viva más, vive menos que el de las sociedades antiguas.
El silencio es tiempo, pero ahora anhelamos la fugacidad del ruido. Huimos de nosotros mismos y nos inmolamos como fuegos de artificio. El ruido se come la verdad. Porque verdad es a silencio como ruido es a mentira. Vivimos en la sociedad de las imposturas y de las apariencias, en la sociedad del ruido. El silencio nos hace íntegros. El silencio hace crecer, ilumina, nos torna valientes, y, por eso, los manipuladores del mundo sirven ruido a destajo. Pan y circo para el pueblo. Melodías, programas, discursos, fiestas, saraos para que la gente no alcance a comprender el silencio, que es la música de la conciencia. Para que, en su lugar, se conforme con la música de los comerciantes y usureros, que compran el alma a cambio de ruido. Los comerciantes y usureros que arrebatan el Gran Silencio para imponernos el silencio ínfimo, el que asiente y calla.
Ricos en ruido. Los hombres del siglo XXI son los más desgraciados de todos los tiempos. Hombres que nacen, viven y mueren con ruido, y, por ello, hombres que se ignoran a sí mismos. Expoliados por la codicia. Ciegos, sajados del tiempo lento e inmutable, montados en la alta velocidad de la inania. Es a estos hombres a los que bombardearán los políticos con un ruido añadido en los próximos meses. Más promesas para que el tiempo ser adelgace más. Eslóganes, mítines, actos para que las legislaturas giren las unas sobre las otras como un enloquecido tiovivo. ¿Voten, señoras y señores, y tendrán garantizados cuatro años de ruido! Y votarán, porque, si no, qué horror, el silencio puede colarse por la puerta de casa. Fuera, pues, el Gran Silencio. Bienvenido el silencio que fluye del ruido, el que no discrepa, el que no cuestiona, el que no indaga: el silencio de los corderos.
(Publicado en Ideal Digital )
Leave a Comment